
De chico tenía la costumbre
-bastante de mierda, por cierto-
de imaginar
como se le descomponía el rostro
a quien me hablaba por mas de
treinta segundos seguidos.
Encontraba cierta
belleza en eso.
-bastante de mierda, por cierto-
de imaginar
como se le descomponía el rostro
a quien me hablaba por mas de
treinta segundos seguidos.
Encontraba cierta
belleza en eso.
